Termina el año y aún nos quedan pocos rituales de esos que se repiten infinitamente en un bucle en el tiempo, la cena de Nochevieja, elegir con quién y dónde se pasa tan “fantástica” noche, el modelito para la ocasión, la comida de Año Nuevo, ( en mi caso previo el Concierto de Año Nuevo y su Marcha Radetzky), ultimar compras y detallitos… y viene el consabido aluvión de buenos deseos y propósitos para el año entrante…Se dice que es tiempo de hacer balance, por eso de que un año termina y otro empieza..No es la única forma de medir el tiempo, cada cual hacemos el nuestro cuando lo necesita o cuando le viene en gana y no porque llegue el 31 de diciembre, que digo yo que no hay que entregar en registro oficial alguno el informe final positivo o negativo.
Me viene a la cabeza un álbum ilustrado, “De cómo fracasé en la vida” de Thule editorial, que como muchos de ellos más bien no es para niños sino para adultos ya un poco avanzados en su camino vital. Es una fabula moderna que se lee en nada pero que tienen el valor de calar hondo en nuestro pensamiento..

¿Una infancia ideal? Sí, pero la gran mansión en realidad es un cuchitril en un barrio miserable; el bosque mágico, un bosque de chimeneas que vomitan humo nauseabundo... y el niño en cuestión, no es más que un ser desgraciado, solo, pobre y estúpido...
Pero al crecer, las cosas cambiaron: los títulos, el dinero, el amor, la paternidad, el éxito social, los eventos sociales, el poder han transformado a nuestro héroe. Y así fracasó en la vida... ¡cuando llegó el éxito!
Jugando con doble sentido entre la imagen y el texto, nos hace replantear nuestras vidas. La niñez, la juventud se escapa de las manos en pro de objetivos que quizá cuando llegan podemos considerar absurdos, cuestionables…el trabajo, el éxito, una forma determinada de vivir la pareja o la familia...ideales que nos han hecho vivir de una manera determinada y que cuando se consiguen no son tan satisfactorios como pensábamos mientras los deseábamos. La competitividad, el materialismo... mejor dicho, el apego a las cosas materiales, la falsedad, las decepciones…incluso podemos, confundimos nuestra idea del amor, perdiendo a costa de cosas y sentimientos de apegos inservibles del todo los objetivos de cada uno de felicidad y bienestar.
No hace falta que nos ocurra algo gordo, una enfermedad, un accidente, la desaparición de un ser querido, un tocar fondo personal, profesional o económico…cuando menos te lo esperas puedes ver el camino adecuado para conseguir ese objetivo...el tuyo propio, ese que te va a hacer feliz, ese que te hace sonreír y te da calidez en el corazón, ese que responde la pregunta de cuál es el verdadero valor de la vida
No importa la edad en la que te plantees esa cuestión, ni las infinitas veces que te hayas equivocado al intentar responderla, quien sabe si eres de los que has decidido hacer ese balance anual para el 2011 y te pasa como en esta pequeña historia en la que al final, aparece el héroe anciano, encorvado con cariño sobre su peluche infantil, su conejo rosa, como si regresara la infancia, como si lamentara haber perdido algo esencial y sabiendo después de todo a ciencia cierta que es.. ¿Qué es el éxito? ¿Qué es el fracaso? no es tan sencillo…o si